Expulsado de Europa y derrumbado en la Liga, el grupo azulgrana partió este martes hacia Valencia atronando las exclamaciones de Andrés Iniesta, quien hizo una llamada a la hinchada para que no pierda la fe en un equipo que ha ganado tanto. Se entiende tan agitado el Barça como molesto está su entorno, incrédulo ante una caída inesperada y contemplando esta final como la última tabla de salvación de un año tan convulso que se se aventura de difícil explicación en el futuro.
Al Real Madrid la montaña rusa le pilla de subida, con el ánimo exaltado en el entorno y calmado en el vestuario, confiado y muy por encima de la lesión de Cristiano Ronaldo, que en otro momento habría sido acogida como una tragedia insalvable. Ahora Ancelotti piensa en Isco (aunque no se descarte alguna sorpresa más conservadora) y del ausente poco más a decir. Si este miércoles gana el Barça, claro, la excusa saltará al primer plano.

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